Leyenda del hombre oso

Entre los miembros del equipo de Búsqueda y Rescate del Servicio Forestal de los Estados Unidos, circula una historia, sobre un extraño hombre que vive en el bosque y en ocasiones su avistamiento ha causado accidentes o estados de shock entre las personas que visitan estos lugares de recreo.

Los relatos al respecto son muchos, pero inquietan más aquellos que involucran a niños, niños que desaparecen en un instante, en tan solo parpadeo, en ocasiones no se vuelve a saber de ellos, y en el mejor de los casos, se les encuentra en poco tiempo, pero narrando inquietantes hechos sobre lo sucedido. Todos los pequeños recuperados coinciden que se acercó a ellos un hombre, que, por su singular aspecto, nombran “El hombre oso“, este individuo les ofrece bayas, y los invita a jugar con él, siempre y cuando guarden silencio. Extrañamente, los niños le acompañan sin objeción alguna, incluso se trepan a sus hombros, conservando la tranquilidad en todo momento. A pesar de su extraña cara.

Quien ha podido dar mayores detalles sobre la apariencia de este supuesto habitante del bosque, fue un alpinista recuperado de un risco. Él asegura que cayó por el acantilado debido a su encuentro con un hombre en la cima de la montaña, el sujeto en cuestión no llevaba equipo consigo, así que resultaba algo confuso verlo ahí, también su vestimenta era inadecuada, un pesado abrigo de piel con capucha. Cuando el escalador se acercó a hablar con el individuo, éste volteó súbitamente, provocando una reacción de completo terror al curioso, su cara palideció, se llevó las manos a la cabeza, y quiso gritar, pero no podía emitir ningún sonido ante la visión de aquella criatura humanoide desprovista de rostro, parecía que le hubiesen borrado todos los rasgos y facciones, dejando solamente un pedazo de carne sin gracia alguna.

El miedo del excursionista era tanto, que no le importó lanzarse por el risco, logrando así huir del extraño ser de la colina, el cual decidió bajar por la ladera de la montaña para ir a buscarle, mientras descendía, emitía gemidos sofocados, mismos que hacían temblar al pobre hombre que yacía lastimado a una distancia que en ese momento le parecía mínima, por fortuna pudo ser rescatado antes de encontrarse nuevamente con la criatura. Aunque parece que esta le siguió muy de cerca mientras lo trasportaban a un lugar seguro, pues el hombre no dejaba de revolotear en su camilla, agitado, suplicando y gritando con dirección al bosque que le dejara en paz, que no quería ir con él, ni tampoco que se llevara a alguna de las personas que le acompañaban.

Entre aquellos desesperados gritos, los rescatistas pudieron reconocer un sonido, uno que parecía venir de todos lados, no se comparaba con nada que hubieran escuchado antes, pero apresuraron el paso, no dudaron ni un momento de las palabras del hombre en la camilla, el cual decía que el hombre oso quería llevárselos.

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El viaje del girasol cuentos cortos, ahora les comparto un cuento infantil, del cual hace mucho tiempo escuche la historia, trata de una de esas tantas mariposas que van parando en cada una de las rosas que ven, pero el insecto sufre un desconcierto, al ver que en especial, la flor denominada girasol, nunca estaba en el mismo lugar.


-Mariposita- Florecita, porque siempre te estas moviendo, siempre batallo para dar con tu paradero, tan solo quiero probar el néctar tuyo y con ello polinizar las demás flores, memorizo cada una de ellas, pero con las de tu especia, en algunas ocasiones, se me mueven, alterando mi memoria, ¿porque no te encuentro siempre en el mismo lugar?, ¿Por qué cambias constantemente de sitio? Eso no me ayuda con mi tarea.

-Girasol- Hola mariposita, yo bailo y me muevo alrededor de nuestro querido sol, por ese motivo me llaman como me llaman, y es para mí una gran satisfacción, el no estar siempre en el mismo lugar, esto me da una perspectiva diferente, y noto los cambios que llegan a la naturaleza, con la llegada del astro rey.

-Mariposita- Lo tendré en mente, para siempre buscar en diferentes ángulos, ¿pero no entiendo con qué objetivo, te mueves alrededor del sol?

-Girasol- Simplemente bailo con el que nos da la vida, ya que sin él, no existiríamos, y de danzo siempre, para que al siguiente día, vuelva a salir con ese ímpetu que lo caracteriza, con esta simple acción, el sol nunca me ha fallado, y nos comparte para siempre todo su esplendor.

-Mariposita- Enterada amiga, de aquí en adelante, bailare contigo, al son del sol, te buscare en diferentes ángulos, para que siempre nos de brillo, tan espectacular, que nos da la vida, a todos los seres humanos.

Mitos de la región celta El talamontes

Los mitos de la región celta son a veces difíciles de comprender, sobre todo si no se cuenta con el bagaje necesario como para situarse en el momento histórico en el que esta clase de historias fueron pasadas de generación en generación.

Hoy día no vamos a versar sobre las epopeyas que tuvieron que pasar las personas de esa región para lograr su independencia, ni del significado del trébol de cuatro hojas (el cual, dicho sea de paso la gente toma como un elemento de buena suerte).

Sino de algo mucho más perturbador. Se trata ni más ni menos que de la brevísima historia de Scott Wilkinson, un leñador que se encargó de erosionar una porción considerable del bosque que se encontraba cercano a su vivienda.

Al principio el negocio de cortar y vender madera a sus amigos le iba de perlas, pues con poco esfuerzo obtenía en grandes ingresos. Sin embargo, poco a poco se fue quedando sin suministros.

Velozmente se dio cuenta que algunos de sus vecinos ya habían tenido la misma idea y por lo tanto, gran parte del terreno boscoso se encontraba cercado. Esto lo obligó a internarse hasta la zona más frondosa del bosque en donde encontró unos robles grandes y robustos.

Lo extraño era que éstos estaban unidos por una delgadísima liana de color verde claro. Además un letrero grabado de madera decía: “No molesten a los Robles, o se las verán conmigo”.

Scott buscó en los alrededores y no encontró a nadie. Tomo su serrucho y corto el primer árbol rápido y con gran maestría. En el momento en el que el tronco tocó el suelo, se escuchó una voz grave y enfadada que le gritó:

– Ahora tú serás convertido en un roble.

Se trataba de un diminuto duendecillo que estaba oculto en la copa de uno de los árboles. El cuerpo de Scott se volvió de madera y fue colocado en una zona cercana a los leñadores.

Cuando el hombre ahora convertido en parte del bosque vio como sus vecinos se acercaban con la intención de cortarlo, les gritó pero nadie pudo oírlo. Fue una muerte muy dolorosa, pues los hachazos le destrozaron la raíces hasta morir.

Leyendas cortas La hamaca en el balcón

Desde hacía muchos meses, me apetecía pasar mi periodo vacacional en la playa. No obstante, no me había animado a hacerlo, pues no me gusta hospedarme en un hotel sino que prefiero rentar una casa o departamento particular, ya que de esa manera evitas hablar con botones, mucamas etc.

De entre todas mis opciones me encantó una casa que se ubicaba en Acapulco. Era pequeña de dos pisos, pero poseía varios balcones que apuntaban exactamente al mar.

Hice los arreglos pertinentes y el día en el que comenzó mi etapa de asueto me subí al avión y fui a ese magnífico puerto. El sol, las palmeras y la brisa hacían que me sintiera en el paraíso.

Llegué y ya me estaba esperando el arrendador quien me entregó un juego de llaves y me dijo que volvería en una semana. También comentó que podía hacer uso de todas las habitaciones con excepción de la que se encontraba al fondo en la planta alta.

Mis primeros días en aquella casa fueron espléndidos. Me dio tiempo de ir al mercado, conversar con los pescadores locales y conocer gente maravillosa. Sin embargo, un pensamiento no se alejaba de mi cabeza:

“¿Qué era lo que escondían en aquella recámara?

Una noche en la que me acosté temprano, quise ir a investigar por mi cuenta. Subí las escaleras y no sé por qué pero desde que iba caminando en el pasillo sentí que la carne se me erizó por completo.

Abrí la puerta y lo que encontré fue una recámara perfectamente arreglada. Encendí la luz y pensé:

– Ay esta gente de la costa y sus leyendas cortas. Me asustaron y realmente no tenían nada que ocultar.

Del mismo modo, observé que en el balcón de ese cuarto había una hamaca que se mecía fuertemente. Salí para ver mejor el panorama y de nuevo un escalofrío recorrió mi ser al ver que no soplaba el viento y sin embargo aquella red se balanceaba a un ritmo acompasado.

Supe que se trataba de un fantasma. Sin esperar más tiempo, hablé con el arrendador y salí de ahí corriendo.