Leyendas cortas La hamaca en el balcón

Desde hacía muchos meses, me apetecía pasar mi periodo vacacional en la playa. No obstante, no me había animado a hacerlo, pues no me gusta hospedarme en un hotel sino que prefiero rentar una casa o departamento particular, ya que de esa manera evitas hablar con botones, mucamas etc.

De entre todas mis opciones me encantó una casa que se ubicaba en Acapulco. Era pequeña de dos pisos, pero poseía varios balcones que apuntaban exactamente al mar.

Hice los arreglos pertinentes y el día en el que comenzó mi etapa de asueto me subí al avión y fui a ese magnífico puerto. El sol, las palmeras y la brisa hacían que me sintiera en el paraíso.

Llegué y ya me estaba esperando el arrendador quien me entregó un juego de llaves y me dijo que volvería en una semana. También comentó que podía hacer uso de todas las habitaciones con excepción de la que se encontraba al fondo en la planta alta.

Mis primeros días en aquella casa fueron espléndidos. Me dio tiempo de ir al mercado, conversar con los pescadores locales y conocer gente maravillosa. Sin embargo, un pensamiento no se alejaba de mi cabeza:

“¿Qué era lo que escondían en aquella recámara?

Una noche en la que me acosté temprano, quise ir a investigar por mi cuenta. Subí las escaleras y no sé por qué pero desde que iba caminando en el pasillo sentí que la carne se me erizó por completo.

Abrí la puerta y lo que encontré fue una recámara perfectamente arreglada. Encendí la luz y pensé:

– Ay esta gente de la costa y sus leyendas cortas. Me asustaron y realmente no tenían nada que ocultar.

Del mismo modo, observé que en el balcón de ese cuarto había una hamaca que se mecía fuertemente. Salí para ver mejor el panorama y de nuevo un escalofrío recorrió mi ser al ver que no soplaba el viento y sin embargo aquella red se balanceaba a un ritmo acompasado.

Supe que se trataba de un fantasma. Sin esperar más tiempo, hablé con el arrendador y salí de ahí corriendo.